“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.”
-Mateo 5:38-41 RVR 1960

¿Cuándo fue la última vez que se herido por alguien? Fue daño intencional o no? ¿Todavía culpas esa persona? En virtud de la ley del Antiguo Testamento, la gente tenía que pagar por cada daño que hicieron, especialmente si fue intencional.
“Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.” -Éxodo 21:23-25 RVR 1960
Éxodo 21: 23-25 nos recuerda el énfasis en la justicia en el Antiguo Testamento. Pero, cuando Cristo vino, muchas cosas cambiaron. El vino a pagar la penalidad por todos los delitos que se han hecho. Cuando Jesús vino, la justicia fue sustituido por piedad. La amargura fue reemplazado con alegría. Servidumbre fue sustituida por la libertad. Pero no podemos encontrar la libertad si no nos liberamos de la amargura que nos encadena. Tenemos que perdonar a esa persona, sin importar si su daño fue intencional o no. “Se han dicho que la amargura es una píldora que se tiene que tragar, con la esperanza de que alguien más va a morir.” (Nortker, 3-Minute Devotionals For Women, p.333) Pero, la realidad es que nosotros somos los a quien serán destruidos por la amargura. Mientras que aquellos, que nos hicieron daño, seguirán viviendo feliz y libre del dolor que infligieron a nosotros. Pero, la clemencia de Jesucristo cambio todo.
Jesucristo dio el mejor ejemplo de piedad. Al sacrificar su vida en la cruz por nosotros y expiar nuestros pecados, él pintó la imagen más hermosa de la misericordia que existe. En la cruz, “…. Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…” – Lucas 23:34 RVR 1960 Tenemos que perdonar a esa persona, sin importar si su daño no fue intencional o no. Sin embargo, Jesucristo fue un paso más allá. Él nos amo y nos ama. Amaba a nosotros, a los pecadores, a quien sus pecados lo clavaron en la cruz. “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;” – Mateo 5:44 RVR 1960 El punto es que piedad en forma de perdón y el amor lo cambia todo. Nos da la libertad del dolor de nuestros enemigos / enemigos / abusadores / acusadores infligidos a nosotros. Jesús tenía la intención de que nosotros vivirán libres de resentimiento amargura. Nuestra libertad está en la misericordia. Nos libera de la amargura y el odio. Nos da una nueva capacidad a amar a otros. Amén.
Brigitta Nortker, comp. 3-Minute Devotionals For Women. Uhrichsville: Barbour, Ohio. Print.
English Version posted on July 21, 2016.

